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La boda que no fue

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  El novio arribó   a la iglesia, con pasos lentos y taciturno ocupó su lugar frente al altar junto al párroco,   debajo, sentados en los bancos de madera,   los invitados esperaban a la novia quien pronto debería llegar para concretar la tan esperada boda, con su vestido blanco recorrería el pasillo hasta donde se encontraba su amado. Se esperaba que entraría   por la puerta de la casa de dios, en cualquier momento, sin embargo, ya hacía tiempo que debería haber llegado, los invitados murmuraban entre sí, algunos hombres ojeaban sus relojes para saber cuánto llevaban esperando, las damas eran, por el contrario mas condescendientes, es normal que una novia se haga esperar, decían las engalanadas féminas, afuera el cielo se tornó gris, las nubes negras amenazaban con descargar una fuerte lluvia. Las agujas de los relojes continuaban marcando los minutos, los familiares más cercanos a la esperada prometida, empezaron a sacar sus teléfonos para llamarla, los intent...

Una pelota arrogante

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La pelota yacía en el patio de la casa, el sol había caído en el horizonte, la noche había llegado. Entre tanto el esférico objeto miraba al cielo cuando la primera estrella hacia su aparición en el oscuro firmamento, la pelota vio suspendida la lucecita y se río con desdén, pues se creía más grande que ella – No entiendo- dijo con arrogancia – como pueden los humanos ver con tanta fascinación a algo tan pequeño – he visto luciérnagas que emiten más luz – pensaba para sí misma.                       El árbol de mango que con su gran tamaño veía  la pelota desde el otro lado del muro, le dijo en tono conciliador – las cosas no siempre son como creemos, pequeña. Todo depende de la perspectiva del observador – sus ramas se movieron cuando trató de ver al cielo - las cosas son como las vemos – insistió la pelota – mira esa estrella y mira aquella otra (los astros nocturnos empezab...

Los dos magos y una joven

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Eranse dos magos, uno joven de buen aspecto y otro de mediana edad, caminaban ambos hechiceros por una empolvada carretera cuando llegaron a una casa de pobre ver, en el porche de la casa había una joven, hermosa como pocos hombres han visto, estaba llorando sin consuelo alguno. El hombre mayor le pregunto cuál es el motivo de su tristeza,   -Mi madre está a punto de morir – respondió la damisela con palabras ahogadas en lágrimas. El mago joven, se le acercó a la mujer y le ofreció salvar a su madre, solo si ella prometía pagar el favor dándole una noche de placer, la chica lo pensó y con un rostro que reflejaba dolor disponía a responder cuando el hombre mayor colocando su mano en el hombro de la fémina prometió salvar a su progenitora sin pedir nada a cambio, procedió el mago a cumplir con lo ofrecido, la mujer fue curada y a cambio de los favores realizados se ganó el corazón de la bella joven pues se enamoró de él, así quedo solo el mago joven quien pretendió usar su poder ...

Amor que mata

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El pequeño colibrí aleteaba sus alas frenéticamente mientras bebía el dulce néctar de las flores del jardín, sus plumas brillaban por el reflejo de los rayos del sol otorgándole un traje multicolor, su corazón latía con fuerza para llevar la sangre suficiente a cada musculo del diminuto animal, su vuelo estacionario y su largo pico le permitía llegar hasta los lugares más difíciles y así poder penetrar los pistilos de las flores, y libar su exquisito elixir, cada flor era una amante para esta avecilla quien sin tapujo alguno iba de una a otra buscando su alimento. Era un pequeño Don Juan emplumado, no le era fiel a ninguna de las florecillas, su aparente alocado vuelo ocultaba una maldición y es que no podía ser leal a un solo capullo pues  podría costarle la vida. Un día, una flor se abrió con sus pétalos al mundo, su color rojo era la envidia de animales y flores, el colibrí al verla no pudo contener las ganas de beber su néctar, virgen hasta ese momento cuando...

Amor roto

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Los abuelos maternos insistían en dar la ultima hogaza de pan su   nieto, era un chico muy joven para ser considerado un adulto, pero mayor para ser un niño, delgado como todos los chicos de su edad,   piel tostada por el sol, de cabellos dorados como el oro y ojos azules como el mar que rodeaba la isla en la que habitaba la pequeña familia, pero su mirada era nublosa, perdida en el horizonte.   Éste se negaba a comer lo que sus abuelos le ofrecían aun cuando el hambre lastimaba su estómago, el dolor en su alma era demasiado para su joven humanidad, pese a su renuencia los pobres ancianos insistían en alimentarlo con lo poco que tenían. Su madre dejó éste mundo dándole a la luz, su padre entonces ocupó el lugar de su progenitora tratando de llenar el vacío con todo el amor que pudo darle, los besos y abrazos de su paë le hacían extrañar menos a esa madre que no conoció, su infancia transcurrió en una muy pequeña plantación a cierta distancia de su casa, mientras su padre ...

Dolor

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·         -    Pese a que era una tarde muy azul, el día se veía oscuro para la mujer, el momento que atravesaba era negro como su cabello, tan largo que caía sobre su espalda simulando una cascada de ébano. Caminaba sin saber a dónde iba, no tenía un destino, los carros tirados por mulas pasaban a su lado, carruajes cargados de frutas, los limones verdes y las bananas amarillas daban color a la vía pero ella en su tristeza no podía apreciarla, el dolor no le permitía distinguir más color que la oscuridad de su sufrimiento. Un perro le ladró cuando ella pasó cerca de sus cachorros, pese a lo tierno de los diminutos canes su alma estaba cerrada, agreste como un desierto donde la vida no se ve a simple vista, siguió su lento andar taciturno, sumergida en el mar de sus cavilaciones, ajena al mundo exterior, algunos niños en sus correrías tropezaron con ella, pero no la desviaron de su camino, otra mujer, entrada en años, vestida con una larga y color...

El precio de la libertad

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El ave miraba a través de los barrotes de su jaula como otros pájaros revoloteaban en el cielo. Pese a haber nacido en cautiverio se sentía afligido por su mala suerte de tener que pasar sus días encerrado en una mazmorra metálica con apenas espacio para abrir sus alas y mucho menos para volar. Toda el agua y comida le era suministrada en abundancia por sus poseedores humanos quienes lo tenían preso para deleitarse con su canto,  el cual era un sonido maravilloso, tal era la belleza de su canto que otras aves hacían un alto en sus vuelos para escucharlo, el don otorgado por la naturaleza a su especie era en realidad una maldición. Carecer de libertad era el precio a pagar por su talento. Un día su trino ya no era el mismo, sus tonalidades se marchitaban como una flor en el desierto. Cada amanecer sus cuidadores se acercaban a la jaula tratando de disentir que le sucedía a su preciada mascota. El pajarillo ya no quería cantar, ellos no lo sabían pero la libertad le llamab...