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Amor roto

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Los abuelos maternos insistían en dar la ultima hogaza de pan su   nieto, era un chico muy joven para ser considerado un adulto, pero mayor para ser un niño, delgado como todos los chicos de su edad,   piel tostada por el sol, de cabellos dorados como el oro y ojos azules como el mar que rodeaba la isla en la que habitaba la pequeña familia, pero su mirada era nublosa, perdida en el horizonte.   Éste se negaba a comer lo que sus abuelos le ofrecían aun cuando el hambre lastimaba su estómago, el dolor en su alma era demasiado para su joven humanidad, pese a su renuencia los pobres ancianos insistían en alimentarlo con lo poco que tenían. Su madre dejó éste mundo dándole a la luz, su padre entonces ocupó el lugar de su progenitora tratando de llenar el vacío con todo el amor que pudo darle, los besos y abrazos de su paë le hacían extrañar menos a esa madre que no conoció, su infancia transcurrió en una muy pequeña plantación a cierta distancia de su casa, mientras su padre ...

Dolor

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·         -    Pese a que era una tarde muy azul, el día se veía oscuro para la mujer, el momento que atravesaba era negro como su cabello, tan largo que caía sobre su espalda simulando una cascada de ébano. Caminaba sin saber a dónde iba, no tenía un destino, los carros tirados por mulas pasaban a su lado, carruajes cargados de frutas, los limones verdes y las bananas amarillas daban color a la vía pero ella en su tristeza no podía apreciarla, el dolor no le permitía distinguir más color que la oscuridad de su sufrimiento. Un perro le ladró cuando ella pasó cerca de sus cachorros, pese a lo tierno de los diminutos canes su alma estaba cerrada, agreste como un desierto donde la vida no se ve a simple vista, siguió su lento andar taciturno, sumergida en el mar de sus cavilaciones, ajena al mundo exterior, algunos niños en sus correrías tropezaron con ella, pero no la desviaron de su camino, otra mujer, entrada en años, vestida con una larga y color...

El precio de la libertad

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El ave miraba a través de los barrotes de su jaula como otros pájaros revoloteaban en el cielo. Pese a haber nacido en cautiverio se sentía afligido por su mala suerte de tener que pasar sus días encerrado en una mazmorra metálica con apenas espacio para abrir sus alas y mucho menos para volar. Toda el agua y comida le era suministrada en abundancia por sus poseedores humanos quienes lo tenían preso para deleitarse con su canto,  el cual era un sonido maravilloso, tal era la belleza de su canto que otras aves hacían un alto en sus vuelos para escucharlo, el don otorgado por la naturaleza a su especie era en realidad una maldición. Carecer de libertad era el precio a pagar por su talento. Un día su trino ya no era el mismo, sus tonalidades se marchitaban como una flor en el desierto. Cada amanecer sus cuidadores se acercaban a la jaula tratando de disentir que le sucedía a su preciada mascota. El pajarillo ya no quería cantar, ellos no lo sabían pero la libertad le llamab...

El viaje

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El hombre de aspecto senil, muy entrado en años viajaba en el subterráneo, de pie, agarrado del pasamanos se movía lentamente al ritmo del enorme vagón, en silencio con un viejo libro bajo el brazo veía a las personas a su alrededor, en la primera estación vio entrar presurosos al tren, a una joven con un bebé de pocos meses en brazos. El pequeño dormía plácidamente con su pequeña boca entreabierta, la escena produjo gracia al anciano. El tren siguió su andar en medio de la oscuridad, cómo un enorme gusano atravesaba la ciudad hasta la siguiente parada, donde un grupo de jovenzuelos entraron al vagón produciendo un gran bullicio con sus voces y palabras altisonantes, sucios y llenos hormonas,   solo se ocupaban de sus cosas sin importarles quienes estaban alrededor. Su comportamiento molestó al hombre pero este permaneció en silencio. Una voz apenas comprensible sonó por los altoparlantes, habían arribado a la siguiente estación en la cual una pareja abordo el vagón, se veían ...

Descenso al paraíso

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 El  joven Teniente ELY, como solía llamarlo su padre, se levantó mucho antes de sonar la alarma, cansado por la falta de sueño se dirigió a la ducha donde esperaba espabilarse con el agua fría, se miró al espejo donde se vio a sí mismo, tal vez sería la última vez que observaría su propio rostro, se afeitó la incipiente barba, luego, con un poco más de ánimo, enfundó su cuerpo en la bio - malla esta apretaba su organismo y evitaba que variaciones de las presiones del entorno pudieran afectar su organismo,   s e colocó el pesado uniforme, más bien parecía una armadura de aquellas usadas en el pasado por los caballeros medievales, revisó las uniones, debían quedar perfectas, una sola que se soltara podía limitar su capacidad de desenvolverse, y eso en combate puede ser un error que se paga con la vida, tomo su casco, sin colocárselo,  camino por el pasillo hacia los hangares, en ese momento sonó la alarma, era un sonido al que todos adentro de esa capsula giga...

Inmortal

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El atleta estaba preparado para la competencia, en la línea de partida esperaba ansioso el sonido del disparo que daría la señal de largada, sus músculos estaban tensos, su corazón latía con fuerza y rapidez llevando su sangre llena de adrenalina a cada célula de su cuerpo. De reojo veía a sus rivales preparase también, la algarabía de la multitud podía ser escuchada pero no le hacía perder la concentración. Llegó el momento, el juez de pista ordeno a los corredores colocarse en posición de salida, apoyó fijamente sus zapatillas en los tacos, sus manos en el suelo y la mirada puesta en la pista, solo veía la superficie rojiza entre las dos líneas blancas, ese carril era su único punto focal. El sudor mojaba su frente, las gotas del salad liquido hacían brillar su piel. El juez levantó la pistola hacia el cielo, los altoparlantes hacia escuchar las tres palabras esperadas por los atletas, - preparados – listos – fuera, se escuchó el detonar del arma. Los músculos de su cuerpo e...

Olas de angustia

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El pequeño muelle era agitado por la actividad, hombres iban y venían en una laboriosa marcha preparándose para otra jornada de pesca, entre ellos una pareja de pescadores ya se disponían a zarpar en busca de extraer del mar el sustento para sus familias, vestidos solo con unos viejos y desgastados pantalones cortados a la altura de las rodillas llevaban garrafas de combustible al pequeño peñero, unas botellas de agua,   algo de alimentos, y tal vez una botella grande de licor barato para ingerir durante las próximas horas que pasarían navegando en medio de la oscuridad de la noche. A lo lejos, el sol se sumergía en las azules aguas anunciando el final de otro día. Los hombres gritaron palabras de burla a los demás compañeros pues eran los primeros en partir, voltearon su mirada y alzando sus brazos en dirección al atardecer   se despidieron de sus seres queridos, con la confianza que brinda   el haber realizado la misma actividad todas sus vidas.  E...